Ir directamente al contenido

ESPAÑA y PORTUGAL: Envío gratuito a partir de 99 €

OTROS PAÍSES: Envío gratis a partir de 199 €

Fuera de España y Portugal: pedido mínimo de 69 €

Electroterapia en fisioterapia: qué es, tipos y cuándo funciona de verdad

20 jul., 2026
Hombre tumbado boca abajo en una camilla de fisioterapia con cuatro electrodos en la zona lumbar, mientras un fisioterapeuta ajusta el equipo de electroterapia

La electroterapia en fisioterapia es, en sentido estricto, la aplicación de corrientes eléctricas con fines terapéuticos, casi siempre a través de electrodos colocados sobre la piel. Se utiliza sobre todo para modular el dolor, activar musculatura inhibida y facilitar el trabajo activo posterior. En esa definición entran el TENS, las corrientes interferenciales, la electroestimulación muscular (EMS), la iontoforesis y la electroacupuntura. En la práctica clínica, sin embargo, el término se usa también como paraguas de otros agentes electrofísicos que no aplican una corriente transcutánea mediante electrodos del mismo modo: el ultrasonido emplea ondas mecánicas, mientras que la diatermia y las microondas transfieren energía electromagnética y, según el sistema, pueden inducir corrientes en los tejidos. Esta guía cubre unos y otros, y los distingue cuando la diferencia importa.

Si te han propuesto “ponerte corrientes” para un dolor que no termina de ceder, es normal que te genere dudas. Ninguna de estas técnicas sustituye una buena valoración ni un plan activo de tratamiento de lesiones y rehabilitación. Se combinan con ejercicio terapéutico y, cuando está indicado, con terapia manual. Aplicadas con criterio, pueden ayudar a modular el dolor, facilitar la activación muscular o preparar el trabajo activo, siempre sobre una buena valoración y un plan de rehabilitación adecuado.

¿Qué es el TENS y para qué se usa?

El TENS es la modalidad de electroterapia más extendida y persigue un objetivo muy concreto: modular la señal de dolor, tanto en cuadros agudos como en crónicos. Produce un hormigueo o cosquilleo que debe resultar cómodo; si percibes punzadas, quemazón o dolor, avisa para que ajusten la configuración.

Los mecanismos propuestos son varios: el TENS modula la transmisión del dolor en la médula y activa sistemas inhibitorios propios del organismo, entre ellos los relacionados con los opioides endógenos (Amer-Cuenca et al., 2010). La evidencia disponible apunta a una reducción del dolor durante la estimulación o justo después, aunque su magnitud varía según el caso (Johnson et al., 2022). En fibromialgia, una revisión sistemática encontró reducción del dolor en la mayoría de los ensayos analizados, y mejores resultados al sumar el TENS al ejercicio que con el ejercicio por sí solo (Megía García et al., 2019).

Los parámetros, las modalidades de TENS, la colocación de electrodos por zona y la dosificación los desarrollamos en la guía sobre el TENS para el dolor.

¿Qué son las corrientes interferenciales y funcionan?

Las corrientes interferenciales generan una modulación de baja frecuencia a partir de corriente de frecuencia media, el rango que va por encima de 1 kHz y por debajo de 10 kHz. Según el montaje, el equipo cruza cuatro polos con dos corrientes desfasadas que se combinan en el tejido, o entrega una corriente ya premodulada a través de dos electrodos. Se usan sobre todo con objetivos analgésicos en el dolor musculoesquelético, en especial en zonas con mayor masa muscular.

A la frecuencia media la piel opone menos impedancia, lo que se plantea como una posible ventaja de tolerancia, pero eso por sí solo no demuestra que la técnica alcance mejor los tejidos profundos ni que supere al TENS (Rampazo y Liebano, 2022).

La sensación es diferente a la del TENS: notarás un hormigueo o una vibración más amplia, más “expandida” por la zona, menos puntual. Los electrodos suelen situarse alrededor de la zona dolorosa, formando un cruce, y la intensidad va aumentando progresivamente mientras te preguntan cómo la percibes.

Su uso en consulta está muy extendido, pero la evidencia que lo respalda es limitada y no apunta toda en la misma dirección. Un metaanálisis de 2010 concluyó que, sumadas a otro tratamiento, superaban al control y mantenían la diferencia frente al placebo a los tres meses (Fuentes et al., 2010). Un metaanálisis posterior no encontró que fueran más eficaces que los tratamientos comparados, ni solas ni añadidas a otros, y sus propios autores advierten de que el escaso número de estudios disponibles obliga a leer esa conclusión con cautela (Hussein et al., 2022). En cervicalgia mecánica inespecífica, una revisión española describe la evidencia directamente como escasa (Albornoz-Cabello et al., 2019). Con ese panorama, lo razonable es plantearlas como una forma de reducir temporalmente el dolor para facilitar el movimiento o los ejercicios posteriores, y nunca como el tratamiento principal.

¿Para qué sirve la electroestimulación muscular (EMS)?

La EMS provoca contracciones musculares controladas para reeducar un músculo que ha dejado de reclutarse bien tras una lesión, una cirugía o una inmovilización, un fenómeno conocido como inhibición muscular artrogénica. Esto puede ocurrir incluso cuando el nervio está intacto: el impulso eléctrico activa el nervio motor, que mediante la placa motora recluta las fibras musculares y genera la contracción.

Ilustración tipo infografía que muestra cómo la EMS reactiva un músculo: un electrodo sobre la piel, el impulso eléctrico que llega al músculo y el músculo contrayéndose.

Tiene sentido utilizarla donde existe una inhibición muscular clara: el cuádriceps que no responde tras una artroscopia o una prótesis de rodilla, el glúteo que no se activa después de semanas con muletas, o la musculatura del hombro que quedó “dormida” tras una inmovilización prolongada. En el cuádriceps después de una artroplastia total de rodilla, añadir electroestimulación a la rehabilitación se asocia a una mejor recuperación de la fuerza, aunque los propios autores señalan que el beneficio clínico está por confirmar (Peng et al., 2021).

Lo que vas a notar son contracciones rítmicas del músculo, como si se contrajera por sí solo, a diferencia de lo que ocurre en los ajustes sensitivos habituales de TENS e interferenciales, donde no se busca una contracción visible. La sensación debe ser tolerable; si aparece un calambre o un dolor intenso, hay que parar y ajustar los parámetros.

Las aplicaciones en rehabilitación y deporte, la colocación de electrodos y las precauciones específicas están en la guía sobre electroestimulación muscular.

¿Qué es la iontoforesis?

La iontoforesis utiliza una corriente galvánica continua para favorecer el paso a través de la piel de determinadas sustancias con carga eléctrica. Cuánto atraviesa la piel y hasta dónde llega dependen del fármaco, la polaridad, la dosis, el estado de la piel y el protocolo, así que no garantiza una llegada selectiva al tejido lesionado ni descarta por completo la exposición sistémica.

Esta modalidad se ha utilizado para administrar determinados fármacos en procesos localizados, incluidas algunas tendinopatías, aunque su utilidad depende del fármaco, la indicación y el protocolo concreto. El medicamento debe estar indicado o prescrito cuando corresponda, y aplicarse conforme a su autorización, al protocolo clínico y a las competencias profesionales de quien lo administra.

Vas a notar una sensación concentrada bajo el electrodo activo, y si tu piel es sensible puede aparecer un ligero picor o una leve irritación tolerable. La quemazón real, el enrojecimiento intenso y cualquier signo de ampolla obligan a detener la aplicación de inmediato. La polaridad, la densidad de corriente, el tiempo de aplicación y las características del propio fármaco condicionan el transporte a través de la piel y la tolerancia cutánea, y ahí el criterio profesional es insustituible (Dhote et al., 2012).

¿El ultrasonido y la diatermia son electroterapia?

No en sentido estricto. Ninguno aplica una corriente transcutánea mediante electrodos como hacen el TENS o la EMS: el ultrasonido emplea ondas mecánicas, y la diatermia y las microondas transfieren energía electromagnética que, según el sistema, puede generar campos o corrientes inducidas en los tejidos. En muchos centros, sin embargo, “electroterapia” funciona como paraguas de toda la aparatología de consulta, y por eso los encontrarás bajo ese nombre.

El ultrasonido terapéutico emplea ondas mecánicas de alta frecuencia que penetran en los tejidos blandos y, según la técnica, busca un efecto térmico, es decir calentar estructuras profundas, o uno no térmico con el que se pretende influir en la reparación del tejido. Conviene leer esa segunda parte como un mecanismo propuesto, no como reparación demostrada. Pese a su uso extendido, la eficacia clínica depende de la indicación, la dosis y el tratamiento con el que se compare. Una revisión de 2001 sobre ensayos publicados entre 1975 y 1999 encontró que, en la mayoría de las indicaciones estudiadas, el ultrasonido activo no superó al placebo (Robertson y Baker, 2001). Un metaanálisis de 2024 matiza el panorama por localización: encontró un efecto favorable sobre el dolor en afecciones de rodilla, y resultados mixtos, sin diferencias significativas, en las de hombro (Guan et al., 2024). No procede, por tanto, un veredicto único para todos los tejidos blandos.

La diatermia y las microondas son dos modalidades térmicas distintas entre sí, con equipos, dosificación y precauciones propias. Se plantean como apoyo en situaciones seleccionadas, pero ni su indicación ni su seguridad pueden deducirse de lo que vale para el TENS o para el ultrasonido, y esta guía no las desarrolla con la profundidad que tendrían en una dedicada.

Con las tres pasa lo mismo en cuanto a lo que notas: a veces un calor ligero y a veces nada. La ausencia de sensación no equivale a falta de efecto, pero tampoco lo confirma, así que pregunta siempre con qué objetivo te lo aplican. Y si tu sesión solo consiste en tumbarte mientras una máquina hace “algo” y luego te vas, pregunta por qué no hay un componente activo.

Fisioterapeuta aplicando ultrasonido terapéutico en la pantorrilla de un paciente tumbado en una camilla, en una clínica moderna.

¿Qué es la electroacupuntura y cuándo se plantea?

La electroacupuntura combina agujas finas insertadas en puntos específicos con una estimulación eléctrica de baja intensidad, con un objetivo principalmente analgésico. La sensación es un hormigueo o una pulsación rítmica alrededor de la aguja, distinta del TENS o de las corrientes interferenciales.

Puede plantearse en casos seleccionados, cuando exista una indicación concreta, la persona acepte una técnica invasiva y la aplique un profesional habilitado con formación específica. No la presentamos como recurso para casos resistentes ni como alternativa cuando otras técnicas fallan, porque su utilidad depende de la patología concreta y no de una jerarquía general de técnicas.

Al ser una técnica con aguja, suma riesgos que las corrientes transcutáneas no tienen: sangrado, hematoma, infección, molestia o lesión en el punto de punción y reacciones vasovagales. En estudios prospectivos sobre acupuntura con aguja —no una estimación específica de electroacupuntura—, los acontecimientos graves resultaron poco frecuentes, del orden de uno por cada diez mil pacientes, mientras que las molestias leves y pasajeras fueron bastante más habituales; la seguridad depende directamente de la formación y la competencia de quien la aplica (Bäumler et al., 2021). De ahí que la higiene sea innegociable, con agujas estériles de un solo uso y piel limpia, y que el profesional revise las contraindicaciones y tu sensibilidad individual antes de empezar.

Las modalidades de electroterapia, comparadas

Esta tabla resume las modalidades que trata esta guía, qué hace cada una, para qué se usa y qué sensación produce. No es una clasificación exhaustiva de todo lo que existe.

Técnica Qué hace Para qué se usa Sensación habitual
TENS Estimula los nervios sensitivos y modula la señal de dolor Aliviar el dolor, agudo y crónico Hormigueo o cosquilleo cómodo
Corrientes interferenciales Genera una modulación de baja frecuencia cruzando dos corrientes de frecuencia media o entregando una ya premodulada Analgesia musculoesquelética, sobre todo en zonas amplias o de mayor masa muscular Vibración amplia, más “expandida” que el TENS
Electroestimulación muscular (EMS) Provoca contracciones musculares controladas Activar y reeducar un músculo inhibido tras lesión, cirugía o inmovilización Contracción rítmica visible del músculo
Iontoforesis Usa corriente galvánica para introducir un fármaco a través de la piel Administración transdérmica de determinados fármacos, cuando está clínicamente indicada Sensación concentrada bajo el electrodo; a veces leve picor
Ultrasonido terapéutico Ondas mecánicas de alta frecuencia aplicadas sobre los tejidos blandos Apoyo sintomático, con eficacia desigual según la indicación Calor ligero o nada perceptible
Diatermia y microondas Aplican energía electromagnética con equipos y dosificaciones específicos Apoyo térmico en casos seleccionados; no se desarrolla en esta guía Calor perceptible, a veces nada
Electroacupuntura Combina agujas finas con una corriente eléctrica suave Dolor en casos seleccionados, bajo supervisión Hormigueo o pulsación rítmica alrededor de la aguja

¿Cuándo no debe aplicarse electroterapia?

La lista que sigue corresponde a las corrientes transcutáneas, es decir TENS, interferenciales y EMS. La diatermia y las microondas plantean riesgos térmicos y electromagnéticos distintos, sobre todo cerca de implantes metálicos y dispositivos electrónicos, y la electroacupuntura añade los propios de una técnica invasiva. No traslades las restricciones de una modalidad a otra: cada equipo tiene además sus instrucciones de uso, y son de obligada lectura.

Situaciones en las que no debe aplicarse sin autorización específica: la aplicación sobre una zona con tumor activo o sospechoso, salvo indicación expresa del equipo médico responsable, y las heridas abiertas en la zona de aplicación. Si llevas marcapasos, desfibrilador implantable u otro implante electrónico, no uses TENS, interferenciales o EMS por tu cuenta en casa; en consulta solo debería plantearse tras consultar con el equipo que controla el implante y valorar el dispositivo, la colocación de los electrodos y el trayecto de la corriente. Sobre esto último, una precisión: existen protocolos clínicos especializados de estimulación eléctrica para determinadas heridas, pero no tienen nada que ver con colocarte electrodos en casa sobre una lesión abierta, que no debes hacer nunca.

Contraindicaciones relativas: embarazo (especialmente en el abdomen y la zona lumbar) y fiebre o proceso infeccioso agudo. La decisión depende de la zona, del objetivo terapéutico y de tu estado general. El tratamiento anticoagulante no es por sí solo una contraindicación general del TENS, las corrientes interferenciales o la EMS: cobra relevancia en las técnicas con aguja y en cualquier procedimiento con riesgo de sangrado o hematoma, que requieren una valoración específica. El material de osteosíntesis tampoco lo es, y lo tratamos aparte en las preguntas frecuentes (Houghton et al., 2010).

Zonas de máxima prudencia: cabeza en personas con epilepsia; parte anterior del cuello, por el riesgo de reflejo vagal; y cualquier colocación que haga pasar la corriente a través del tórax, especialmente si existen antecedentes cardíacos.

Síntomas que nunca son normales

Durante o después de una sesión, avisa inmediatamente si notas: dolor intenso que no cede al reducir la intensidad, sensación de quemazón bajo los electrodos, ampolla o lesión cutánea visible, palpitaciones o mareo. Ante cualquiera de ellos, detén la aplicación, avisa al profesional, documenta la reacción cutánea y pide la reevaluación del plan antes de continuar. La estimulación transcutánea no debería producir dolor ni quemazón; si lo hace, algo necesita ajustarse.

¿Qué esperar de una sesión de electroterapia?

Una sesión empieza con el objetivo del día y un cribado de contraindicaciones, sigue con la preparación de la piel y la colocación de electrodos según criterios anatómicos, y termina integrada en el trabajo activo. Este recorrido refleja lo que hace un fisioterapeuta cualificado: no es una guía para aplicártela tú mismo, sino para que entiendas el proceso y sepas qué preguntar.

El profesional define primero qué busca conseguir, si aliviar el dolor crónico, activar un músculo inhibido o reducir la molestia lo justo para que puedas moverte ese día, y revisa las contraindicaciones con preguntas directas sobre marcapasos, embarazo, epilepsia, alteraciones de la sensibilidad y estado de la piel. Si algo ha cambiado desde la última visita, es el momento de decirlo.

La intensidad aumenta gradualmente hasta percibir el estímulo con claridad, pero sin molestia: para analgesia se busca una estimulación sensitiva intensa y confortable, sin contracción obligatoria; para la activación muscular, una contracción visible pero tolerable. No existen números mágicos universales, y los parámetros que funcionan para otra persona no tienen por qué ser los adecuados para ti, así que copiar ajustes de internet o de otro paciente puede resultar ineficaz o contraproducente.

Lo habitual es que la sesión continúe con movimiento, ejercicios específicos o terapia manual cuando estén indicados. Estas técnicas se integran en un plan más amplio; rara vez son el plan.

¿Puedo usar un equipo de electroterapia en casa?

Sí, con un objetivo concreto y respetando las precauciones, pero un equipo doméstico no iguala una sesión clínica. En consulta el fisioterapeuta evalúa tu caso, ajusta los parámetros según tu respuesta, coloca los electrodos con precisión y combina la electroterapia con ejercicio o terapia manual. En casa hay equipos más simples, menos ajustes posibles y más riesgo de uso sin objetivo.

Checklist de seguridad para uso doméstico:

  • Define un objetivo concreto antes de encender el aparato (¿aliviar el dolor o activar un músculo?).
  • Mantén siempre una intensidad cómoda, nunca dolorosa.
  • Piel limpia y electrodos bien adheridos.
  • Nunca sobre heridas abiertas ni piel irritada.
  • Evita siempre la parte anterior del cuello, por el riesgo de reflejo vagal.
  • No coloques los electrodos de forma que la corriente atraviese el tórax. Si tienes una cardiopatía o un implante electrónico, consulta antes de usar el equipo.

Hay situaciones en las que no debes improvisar: marcapasos o desfibrilador implantable, embarazo (según la zona y el criterio médico), epilepsia, tumor activo, trombosis o tromboflebitis, alteraciones importantes de la sensibilidad. En estos casos, consulta siempre antes de usar cualquier dispositivo.

En Kinemarket encontrarás equipos de electroterapia y electromedicina para uso profesional y doméstico, así que lo que sigue es una orientación de compra y no una indicación clínica, que es cosa de tu fisioterapeuta. Qué mirar antes de comprar —canales, control de parámetros, conformidad, consumibles y servicio— lo detallamos en la comparativa entre Globus y NeuroTrac, con los criterios de compra aplicados a dos gamas concretas.

Composición de tres paneles con dispositivos TENS Globus y NeuroTrac para uso en casa, sobre mesas de madera en ambientes domésticos cálidos, acompañados de electrodos y cables.

Preguntas frecuentes sobre electroterapia

¿La electroterapia duele?

La electroterapia no debería doler. Con TENS o corrientes interferenciales notarás un hormigueo cómodo, perceptible pero nunca molesto; con EMS, contracciones rítmicas que deben ser tolerables. Si en algún momento la sensación pasa de incómoda a dolorosa, avisa de inmediato para reajustar los parámetros.

¿Cuántas sesiones necesito para notar mejoría?

El número de sesiones depende del objetivo. El alivio del dolor puede notarse desde las primeras; reactivar un músculo inhibido lleva más tiempo. No hay un número fijo, pero si después de varias sesiones no notas ningún cambio, conviene reevaluar el enfoque con tu fisioterapeuta, porque estas técnicas se plantean dentro de un plan de rehabilitación más amplio y no como única intervención.

¿Cuáles son los riesgos de la electroterapia?

Los efectos adversos dependen de la técnica. Con TENS o EMS bien aplicados, lo más habitual son molestias leves y pasajeras, como enrojecimiento o irritación bajo los electrodos. La iontoforesis puede provocar irritación o quemaduras químicas o eléctricas, las modalidades térmicas un exceso de calor, y las técnicas con aguja sangrado, hematoma, infección o una reacción vasovagal. Un buen cribado y una dosificación correcta reducen el riesgo, pero no lo eliminan.

¿Puedo usar TENS o EMS si tengo placas, tornillos o material de osteosíntesis?

No lo decidas por tu cuenta. La respuesta depende de la zona donde esté el material, del tipo de corriente y de tu situación clínica actual. A menudo puede aplicarse ajustando la colocación de los electrodos y el objetivo terapéutico, pero requiere valoración profesional previa. Si tienes implantes metálicos, consulta siempre antes de usar cualquier dispositivo en casa.

¿Y si tomo anticoagulantes o tengo antecedentes de trombosis?

No existe un “sí” o “no” universal. El profesional debe realizar un cribado previo y elegir la técnica adecuada según el caso. Si hay tromboflebitis aguda o sospecha de trombosis activa, no uses ningún equipo por tu cuenta y consulta primero: es una situación que exige valoración médica antes que cualquier aparato. En la guía de referencia sobre agentes electrofísicos, la trombosis activa figura como contraindicación de las corrientes transcutáneas sobre la zona afectada (Houghton et al., 2010). Informa siempre sobre tu medicación y antecedentes vasculares antes de cualquier sesión.

¿Merece la pena comprar un equipo de TENS o EMS para casa?

Puede merecer la pena si tienes un objetivo concreto, como aliviar el dolor o activar un músculo, y respetas las precauciones. No sustituye una valoración clínica, pero puede resultar útil entre sesiones cuando existe una indicación y un objetivo claros. Antes de decidir, que un fisioterapeuta valore tu caso y te indique los parámetros.

¿La electroterapia sirve para todo tipo de dolencias?

La electroterapia no sirve para todo tipo de dolencias. Sus usos habituales son la analgesia, la activación muscular y, en algunas modalidades, el apoyo sintomático dentro de un plan de rehabilitación. Puede resultar útil en algunos cuadros de dolor musculoesquelético, como la lumbalgia o el dolor de rodilla, o en la recuperación postquirúrgica, cuando se elige la modalidad adecuada y se integra en un plan terapéutico completo. También conviene saber dónde no se sostiene. En la parálisis facial, una revisión Cochrane de 2011 no encontró beneficio de la electroestimulación frente al placebo en la recuperación incompleta, y tampoco detectó diferencias significativas en sinquinesias, con una evidencia limitada (Teixeira et al., 2011), y una revisión posterior tampoco pudo demostrar su eficacia (Burelo-Peregrino et al., 2020). Una revisión sistemática de 2026 apunta en otra dirección para una situación concreta. Añadida al tratamiento habitual durante la fase aguda, la estimulación eléctrica redujo el riesgo de recuperación incompleta, con certeza moderada y con las reservas que señalan los propios autores sobre el riesgo de sesgo y el seguimiento corto (Choi et al., 2026). Se trata de un complemento aplicado en consulta en los primeros días, y las recomendaciones de las guías siguen sin ser uniformes. La postura prudente, por tanto, no cambia: no debería aplicarse de forma rutinaria, y desde luego no en casa, sin valoración especializada y un protocolo específico. Pregúntale siempre a tu fisioterapeuta con qué objetivo aplica la técnica y cómo va a medir si funciona.

Fuentes y referencias

Este artículo es una revisión documental de literatura científica consultada en julio y agosto de 2026. No es un ensayo clínico propio ni sustituye la valoración de un fisioterapeuta. Estas son las fuentes en las que nos hemos basado.